Cuándo te vas me duele!
Recuerdo con dulzura, ahora, cuando me fuí a estudiar mi maestría y en el avión sentía un dolor profundo, porque no iba a ver a mis seres amados por unos meses, y cómo ya estando en España, tenía una cabanga, como le decimos nosotros a esa añoranza de un amor que se fué, mis amores no se había ido, yo estaba a kilómetros de ellos y escucharlos y verlos por Skype era como música para mis oídos y lo mejor que podía suceder en el día.
Con ese sentimiento vivido, comprendo que el aporte de los miles de nicaragüenses a la economía nacional con las remesas es vital para el país y para la economía doméstica, pero la pérdida tiene un costo muy alto, no sólo por el dolor de la separación, pero también por los daños colaterales de esa separación, miles de niños que cambiaron su vida familiar con la presencia de mamá y papá, por la vida con la abuela, la tía o la hermana a cargo de sus vidas, a veces puede ser una oportunidad, pero en otros casos es incomprensible y muy doloroso.
Hablando con Nicaraguenses migrantes, siempre se les pone un torozón cuando abordan su situación, lucha diaria por encontrar un espacio en esas nuevas sociedades, reconstrucción total de sus vidas, horarios, amistades, quehaceres, miles siendo profesionales empiezan de cero hasta lograr posicionarse. No todos tienen suerte, pero lo intentan.
Cuando pasa el tiempo, se acostumbran a su vida, aunque añoran regresar, siempre se sienten como ellos dicen: "no somos de aquí, ni somos de allá"
Todos estos Nicaraguenses demandan en medio de ese sufrimiento, tener al menos su cédula de identidad y poder participar en los procesos electorales de nuestro país, dos cosas que les permita estar un poco cerca y participando en el destino de su amada Nicaragua.
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